El malo, el bueno y el justo

By Joger Quintero

Existen tres tipos de acciones o funciones principales a ser desarrolladas en la experiencia humana. Están las acciones o funciones de malo, las de bueno y las de justo. Para efectos de este artículo vamos a definir estas acciones como funciones.

Cada función de estas existe con un propósito en el universo. Cada uno de nosotros, en lo que sea que esté haciendo, contribuye al universo ejecutando funciones de malo, de bueno o de justo.

Las funciones de malo son todas aquellas que reflejan actividades de personas insensibles que no han desarrollado la capacidad de tener sentimientos hacia lo que los rodea. Estas personas se encuentran en niveles de desarrollo de conciencia bajo. Su única prioridad en la vida es la supervivencia.

Estas personas por no tener sentimientos no sufren, sin embargo, como su única prioridad es la supervivencia y la llevan a cabo a toda costa, no generan relaciones armónicas y viven en conflicto con los demás. Esto causa que sus vidas no sean satisfactorias y no consigan un buen resultado en los Indicadores de gestión del desarrollo de la conciencia.

Las funciones de bueno son desempeñadas por todas aquellas personas que han desarrollado sentimientos en su mundo interno. Miran el mundo desde los sentimientos, tanto positivos como negativos, y actúan desde esa perspectiva.

Estas personas son las que buscan ayudar a otros y buscan cambiar “el mal” funcionamiento del mundo. Todo lo hacen con buena intención y en base a los conceptos que ellos manejan de bueno y malo. Un ejemplo de esto se ve reflejado en las luchas sociales, cuando las personas tratan de abolir o incluir leyes que permitan una mejor convivencia para todos.

Uno de los principales problemas que afrontan este tipo de personas, es que no logran ponerse de acuerdo en qué es lo malo y qué es lo bueno. Como ya indicamos, todos lo hacen con la mejor intención, sin embargo, no todos piensan que un mismo hecho sea malo o sea bueno, es decir, lo que es bueno para unos pudiera ser malo para otros.

Existen personas que están luchando por abolir la pena de muerte. Los que luchan esa causa lo hacen porque consideran que vivir es un derecho inviolable. Los que luchan por mantener la pena de muerte lo hacen porque consideran que hacer justicia es lo correcto.

Están los que luchan a favor o en contra del aborto, los que luchan por el socialismo o el capitalismo, los que luchan por los derechos de los animales, los que luchan por la inclusión de los homosexuales.

Son infinitas las luchas que existen en relación a cualquier tópico, sin embargo, indiferentemente de cual sea la lucha todos lo hacen porque generan sentimientos basados en sus conceptos acerca de ese tópico.

Los sentimientos son el motor que permite se manifieste un deseo de querer cambiar los hechos que, según una postura determinada, son considerados como malos para la sociedad.

Desde las funciones del bueno, lo que se busca es hacer justicia. El bueno de alguna manera se convierte en un justiciero. De lo que no se dan cuenta las personas que están cumpliendo las funciones de bueno, es que finalmente lo que en realidad están haciendo es de imponer su forma de ver la vida a otros.

Al tratar de imponer a otros su forma de ver la vida comienzan a sufrir. Si logran imponer su forma de ver la vida, sufren porque los que no están de acuerdo con su postura, buscaran la forma de revertir el resultado. Y si no lo logran, sufren porque creen que viven en un mundo donde predomina la injusticia.

Como vemos ni las funciones de malo ni las de bueno nos ayudan para conseguir vidas de paz y felicidad. Recordemos que los que están desarrollando funciones de malo no lo logran porque sus relaciones son un caos. Por otro lado, los que están realizando funciones de buenos tampoco lo logran porque sus vidas están basadas en los sentimientos y estos se convierten en el combustible para motivarlos a tratar de cambiar el mundo.

Si ni las funciones de malo ni bueno nos sirven para encaminarnos a alcanzar la felicidad, la pregunta que surge es: ¿qué camino debemos seguir para alcanzar una vida libre de sufrimiento?

El tercer concepto que analizaremos será el de las funciones de justo. Las funciones de justo son para todas aquellas personas que ya han comprendido que realizar funciones de malo o de bueno no es el camino. Esta comprensión los lleva a realizar acciones diferentes que permiten generar resultados diferentes.

Desde las funciones del justo se busca la desensibilización. La desensibilización consiste en ver la vida de forma objetiva, poniendo a un lado los sentimientos para realizar las interpretaciones correctas de los hechos y poder actuar de forma justa. Ver la vida de forma objetiva, en otros palabras, es ver la vida desde al amor.

El amor, que no es un sentimiento, nos permite ver la vida desde los ojos del creador. Como hemos indicado, son tres las funciones posibles a realizar por cualquiera de nosotros. Cada función está ahí porque tiene un propósito, no es un error, está dentro del plan divino de Dios.

Las funciones de malo sirven para producir daños, que les permitan a todos aquellos que se vean afectados por estos daños, saturarse de sufrimiento. Saturarse de sufrimiento permite buscar alternativas diferentes a las ya experimentadas, es decir, le permite evolucionar. Sin la saturación la evolución no sería posible porque no habría necesidad.

Las funciones de los buenos, aunque ya parten de una intensión que no es de supervivencia solamente, también buscan producir la saturación. Esto ocurre cuando los buenos luchan contra otros buenos, o malos, por pensar que lo que están haciendo es incorrecto. La lucha que sostienen produce la saturación por exceso de sufrimiento. Esta saturación permite a los involucrados buscar formas diferentes de hacer las cosas y, de igual forma que en el caso de las funciones de los malo, empujan a la evolución del desarrollo de la conciencia.

Los justos son personas que ya se han dado cuenta que realizar funciones de malo y/o de bueno no los lleva a la felicidad y la paz plena. En este sentido, los justos aprenden a relacionarse con los demás desde el amor, es decir, desde el respeto absoluto por todo lo que les rodea y por todo con lo que se relacionan.

El justo deja de querer cambiar la realidad para adaptarla a sus conceptos porque comprende que ese no es el camino para resolver los problemas. Por el contrario, respeta las acciones de los demás y deja que ellos asuman los resultados de sus propias decisiones porque comprende que están viviendo el proceso de aprender a través del error.

El justo se dispone a estar atento para prestar servicio en el momento que una persona se satura. Cuando esto ocurre, la persona suele solicitar información de sabiduría para salir de lo que considera es un problema. El justo le sirve dándole esa información debido a que la tiene y conoce los resultados que esta genera.

Desde las funciones del justo no se busca resolver los problemas del mundo, porque se comprende que estos existen con un propósito de amor: Permitir la evolución espiritual a través de la saturación.

Para lograr esto el justo debe desensibilizarse. Es importante no confundir la desensibilización con la insensibilización. El insensible es una persona que actúa desde las funciones del malo y por ende actúa sin ningún respeto hacia los demás. El desensibilizado es una persona que actúa desde las funciones del justo y por ende actúa desde el amor hacia los demás.

El malo, el bueno y el justo son parte del plan divino de Dios. Sus funciones existen con el único propósito de amor de permitir al hijo de Dios convertirse en amor. Cada uno de nosotros realiza una función determinada dependiendo del grado de conciencia que tenga. Todos en nuestro proceso evolutivo pasamos por las diferentes funciones. Esto no es opcional, es parte del proceso evolutivo del hijo de Dios.

El justo es una persona que comprende que las funciones deben existir y esa es la razón por la cual se expresa con profundo amor y respeto a todo lo que existe.

Al tener conocimientos de las tres principales funciones de los humanos en el universo podemos empezar decidir que función realizar. Decidir realizar funciones de justo es el inicio, conseguirlo es alcanzar la maestría maestría.