Descubriendo la Santidad Interior: Una Visión desde “Un Curso de Milagros”
En el mar de enseñanzas espirituales que nos rodea, a menudo nos encontramos con la idea de que todos poseemos una santidad inquebrantable. Se le llama de diferentes maneras: inocencia, pureza, perfección, bendición, entre otros términos. A pesar de que estas palabras nos son repetidas constantemente, resulta evidente que aún no hemos alcanzado una comprensión profunda de su verdadero significado.
En ciertas religiones, se nos habla de la existencia de un mesías que nos otorga la salvación por gracia. En este contexto, se refleja la santidad que disfrutamos gracias a ese mesías. Sin embargo, posteriormente se nos explica que esa santidad puede perderse según nuestros actos. Esto nos lleva a cuestionar si esta santificación condicionada contradice el principio del amor incondicional de Dios, promovido por esas mismas religiones.
El Debate de la Dualidad
Nos debatimos entre la idea de si somos o no santos, lo cual nos sumerge en una dualidad de sentimientos, pensamientos y emociones que fluctúan de lo positivo a lo negativo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué somos realmente? ¿Acaso somos santos o no?
Un Curso de Milagros y la Visión Unitaria
A lo largo de Un Curso de Milagros, se nos plantea consistentemente la premisa de que todos los hijos de Dios son santos. Esta afirmación se basa en una razón lógica: Dios es santo y, por ende, todo lo que surge de Él es santo y amoroso. No hay forma de que Dios produzca algo diferente a su naturaleza, al igual que un árbol de peras no puede dar mangos.
Entonces, ¿cómo se explica la existencia de eventos nefastos en el mundo? ¿Es posible considerar a personas como Adolf Hitler dentro de esa categoría de “todos”? Aquí es donde cobra sentido el argumento de algunas religiones que sostienen que se pierde la santidad debido a nuestros actos. No concebimos a Hitler como un ser santo y no sentimos que merezca perdón por sus acciones. Esto justifica la idea de que Hitler haya perdido su santidad o inocencia debido a sus actos.
La Aclaración de “Un Curso de Milagros”
Un Curso de Milagros se encarga de disipar estas aparentes contradicciones a lo largo de su lectura. A través de 754 páginas, nos guía para transformar nuestra visión dualista en una visión unitaria.
El Principio de Una Fuente Única
Desde Un Curso de Milagros, se parte del hecho de que solo existe una fuente de todo y que todo lo existente hereda la naturaleza de esta fuente. El filósofo Plotino también plantea una propuesta similar al hablar de la contemplación del Uno, es decir, la contemplación de la única fuente. Así mismo, el filósofo Baruch Spinoza propone a Dios como la sustancia única e infinita que constituye todo lo que existe en el universo. Si todo proviene de una fuente, todo debe compartir sus propiedades y características. El amor no puede convertirse en miedo, ya que el amor no posee propiedades de miedo. De igual manera, un hijo de un caballo no puede convertirse en un elefante, ya que el caballo no posee las propiedades de un elefante.
La Ocultación de la Luz
Entonces, ¿Qué sucedió? ¿Cómo fue posible que una persona como Hitler se expresara de una manera tan distante a su naturaleza divina? Según Un Curso de Milagros, solo existe el Amor, es decir, solo existe Dios, solo existe la Luz. El miedo, el ego y la oscuridad no existen; son el resultado de la ausencia del Amor. Para que haya ausencia del Amor, es necesario ocultar algo del Amor. Este acto de ocultación se logra al colocar un velo, una capa de neblina que impida que la Luz traspase. Al no llegar la Luz, resulta en la oscuridad.
La Experiencia Terrenal y la Ilusión
Cada hijo de Dios que vive esta experiencia terrenal, también conocida como una experiencia en el tiempo y espacio, oculta la Luz utilizando el velo del ego. El ego, una creación nuestra, impide el ingreso de la Luz al espacio en el que nos encontramos, permitiendo así una aparente separación del Amor. Nunca dejamos de ser parte del Amor, simplemente nos separamos y aparentamos no serlo. Es por esta razón que todo lo que vivimos se denomina “ilusión”. En este sentido, una persona como Hitler en realidad no hizo nada y es inocente, ya que, para llevar a cabo sus acciones no amorosas, simplemente ocultó la Luz que había en su interior. Esta ocultación genera una aparente realidad(ilusión) que, en última instancia, no existe, ya que solo Dios, el Amor y la Luz son reales.
El Retorno a la Luz
Llegará un momento en el que Hitler, quien en realidad no es Hitler sino un ser superior a esa personalidad que adoptó en un determinado tiempo y espacio, ya no podrá ocultar más la Luz. Cuando la Luz penetre en el mundo ilusorio que creó, se producirá el efecto de unir la mentira con la Verdad, es decir, el miedo con el Amor y la oscuridad con la Luz. Al unir la oscuridad con la Luz, lo inexistente desaparece, es decir, desaparece el miedo y la mentira y queda solo la Luz y el Amor. Nuestro único trabajo es aprender en este mundo ilusorio a expresar nuestra santidad convirtiéndonos en espejos que reflejen la santidad de Dios. Es por ello que debemos mantener limpio y desempañado el espejo, para que se puede reflejar correctamente la Luz y el Amor
Conclusión
A través de la enseñanza de Un Curso de Milagros, se nos invita a comprender nuestra verdadera naturaleza santa e incorruptible. Como hijos de Dios, no somos diferentes a la naturaleza de nuestro Padre y no podemos actuar de manera contraria. Sin embargo, podemos temporariamente ocultar nuestra verdadera naturaleza y comportarnos de manera distinta en este mundo ilusorio. Este mundo ilusorio desaparecerá en el momento en que permitamos que la Luz penetre en él.
En última instancia, al abrazar nuestra santidad interior y reflejar el amor divino en nuestras acciones, podemos comenzar a disolver la ilusión de separación y experimentar la unidad con la fuente de todo. Dejemos que la Luz de Dios brille a través de nosotros y seamos espejos de su santidad en este mundo transitorio.