El mentalismo
El Mentalismo
Dentro de las leyes que rigen la vida diaria de las personas existe una que Gerardo Shcemedling denominó “Ley de Generación”. Esta ley tiene que ver con el hecho que nosotros somos los creadores de nuestras propias experiencias, en otras palabras, todo lo que sucede a nuestro alrededor pasa porque nosotros hemos de laguna forma decidido vivir esta experiencia.
Esto tiene explicación en dos puntos. El primero es cuando los maestros nos planifican un destino antes de venir a vivir la experiencia terrenal, y el otro punto es cuando nuestra mente inocente de la personalidad comienza a cargarse de información que diseña los patrones que nos permitirán generar las experiencias para vivir ese destino.
Es importante recordar en este punto que el destino está diseñado para que nosotros aprendamos a tomar decisiones desde el amor y no desde el miedo. Toda experiencia que tengo lo que principalmente
está evaluando es desde donde tomo mis decisiones ¿desde el amor? ¿desde el miedo?
Cuando tomamos decisiones desde el miedo las resultados que generamos son insatisfactorios. Estos resultados son los que me permiten darme cuenta que no hice las cosas de la forma correcta y se convierten en la oportunidad de corregir.
Cuando tomo decisiones desde el amor los resultados son satisfactorios. Recordemos que los resultados se evalúan de acuerdo a los indicadores Indicadores de gestión del desarrollo de la conciencia.
En este punto podemos entender que mi destino en una primera instancia es diseñado por loa maestros de ley, y que luego es instalado en la mente inocente de la personalidad a través del propio lenguaje que voy diseñando a través del tiempo, producto de diferentes factores: La cultura, mis padres o las personas que intervienen en mi crianza, etc.
Todos los seres humanos desarrollamos un diálogo interno que nos acompaña a lo largo de nuestras vidas. Este diálogo es el generador de nuestras experiencias, tanto positivas como negativas. Las positivas giran en torno a tomar decisiones desde el amor, y las negativas giran en torno a tomar decisiones desde el miedo.
El primer desafía consiste en entender esto, es decir, nosotros vamos por la vida viviendo de forma automática, si entender lo que está pasando. Al cabo de un tiempo el exceso de sufrimiento que nos producen los resultados negativos hace que nos saturemos y comencemos a buscar una forma diferente de vivir.
Cuando buscamos esta forma diferente de vivir es cuando comienza nuestro desarrollo espiritual. Es el inicio del camino porque nos abrimos a experimentar nuevas formas de vivir. Desde este momento comenzamos a reprogramar nuestro sistema de creencias, en otras palabras, reprogramar nuestro diálogo interno.
Al cambiar el diálogo interno comenzamos a generar una nueva correspondencia en función a las experiencias a vivir. Es un poco como al cambiar la causa que genera algo, se cambia el efecto.
Teóricamente se ve fácil, es aplicar programación neurolingüística y listo, tener nuevos resultados. El punto es que en la práctica no es tan sencillo. Nuestro diálogo interno se auto protege de ser cambiado. El mismo se generó como un sistema de defensa que tratar de desmantelarlo produce inmediatamente un resistencia interna que busca impedir cualquier intento de elminarlo.
Esto se debe a que nuestro diálogo interno es el resultado de nuestras vivencias y por ende todo aquello que registramos como peligroso nos generó un trauma. Los traumas se instalan en nuestro sistema de emociones y hacen que reaccionemos ante la situación de forma automática, impidiendo que cualquier intento a cambiar esa reacción sea fácil.
La buena noticia aquí es que a pesar de ser difícil no es imposible. De hecho, es necesario trabajar en esto porque es lo que sería trasmutar el destino.
El mentalismo en sí nos permite subir la energía vital a través del pensamiento recreativo donde visualizamos situaciones muy placenteras que nos generan felicidad. Esto no hará necesariamente que las cosas que me imagino pasen o cambien como yo quiero, pero si nos dará energía vital para poder afrontar las situaciones reales de nuestro destino.
El punto interesante aquí es que el mentalismo contribuye con la ley de generación ya que si comienzo reprogramar mi forma de pensar por un sistema de pensamiento basado en el amor podré generar una nueva correspondencia de experiencias más satisfactorias.
Para entender esto un poco mejor imaginemos que comenzamos a tener pensamientos recreativo en función a un tópico particular, por ejemplo comprar una casa grande, con jardín, piscina, cancha de tenis y una de fútbol. Imaginar esto me abre a la abundancia, me produce felicidad y me sube la energía vital. Repetir constantemente ese tipo de pensamientos hace que te cree un hábito al punto de volverse automático. Cuando esto se convierte en algo automático hace que mis reacciones cambien y por ende genero nuevos sentimientos y emociones. Si este ciclo se mantiene comenzamos a lograr que la ley de generación trabaje a favor de nosotros porque nos genera experiencias diferentes.
Es posible que en el ejemplo citado nunca consigamos la casa tal cual como la soñamos, sin embargo, lo que si sucederá es que nuestras condiciones de vida mejoraran gradualmente. Esto se debe al sencillo hecho que si aprendemos a desarrollar la felicidad desde nuestro mundo interno en realidad lo que suceda afuera será de pleno gozo.
Comenzaremos a ver nuestra casa real con amor, la podremos valorar y tendremos la capacidad de agradecer la experiencia de vivir en ella. Al momento de dejar de sufrir por esta experiencia ocurre la transmutación del destino. Esta transmutación hace que la experiencia no se más necesaria.
Toda experiencia que vivimos lo que nos da es la oportunidad de trasmutar el sufrimiento que ella nos produce producto de la interpretación que hacemos de la misma. Al cambiar nuestra interpretación, es decir, cambiar nuestro diálogo interno, la experiencia se desvanece y nuestra mente se abre a la abundancia del universo. Se cumple el mandato bíblico donde nos dicen: “Te daré la tierra que alcances a ver”.
Básicamente el mentalismo es una herramienta que contribuye a que veamos mejores tierras. El universo decidirá cuando realmente lo hemos logrado, es decir, es el universo quién a través de las diferentes leyes que lo rigen determina cuando realmente aprendimos la lección que nos está presentando a través de las diferentes experiencias.
En este sentido es que se entiende que la leyes son inviolables. No hay manera de engañar al universo para que este nos genere experiencias diferentes, o realizamos cambios internos verdaderos, o el universo nos seguirá presentando las mismas experiencias.
Esto es una dicótodmia ya que nosotros comenzamos los cambios internos es buscando resultados diferentes en el mundo exterior. Esto es lo que algunos llaman la trampa del ego. El ego está concentrado en lo externo y si se entera que existen técnicas para cambiar lo externo va a intentar lograrlo por ahí. El punto es que para conseguir esos cambios en lo externo es necesario realizar cambios internos verdaderos, y como el enfoque está en lo externo ahí es donde caemos en la trampa que se convierte en nuestro ciclo de vida.
Nuestro diálogo interno está diseñado para mantenernos en un ciclo de situaciones que se repiten periódicamente a lo largo de nuestra vida. Esta es la razón por la que es necesario tomar conciencia de cuales son esas situaciones de vida que se nos repiten constantemente. Luego de tomar conciencia de eso podremos trabajar en cambiar los sentimientos y emociones que las están generando a través de la reprogramación mental.
El mentalismo no es más que una herramienta que usándola de forma correcta nos permite subir la energía para poder enfrentar nuestro destino. Al mismo tiempo si logramos mantener, como dice Gerardo Schmedling, un pensamiento voluntario, dirigido y sostenido lograremos a través de la ley de generación ganarnos un correspondencia diferente.